Nuestro Padre Celestial trata a diario con nuestro carácter, para que Cristo sea formado en nosotros; y a Él sea que reflejen nuestros actos, acciones y reacciones.

Cuando justificamos nuestras malas actitudes (producto de nuestros deseos de la carne), porque soy así, es mi personalidad, porque no te lo hice para mal, o endosando nuestra culpa a otro… Inevitablemente vendrá un momento donde seremos “quebrantados” como parte de una disciplina del Señor, para que de una vez por todas aprendamos la lección que nos habíamos resistido a asimilar en una posición de víctima que no nos correspondía.

Reconocer nuestros errores, pedir perdón sinceramente, y trabajar para corregirlos, es de sabios. El necio viene siendo quien insiste en esa posición altiva e intransigente que solo los conduce a una caída estrepitosa.

Es sumamente necesario que reconozcamos nuestras debilidades ante el Eterno y tengamos un corazón dispuesto al cambio, para no mal poner el nombre de Dios con ese carácter explosivo y altivo que no modela a Jesucristo por ningún lado.

Quienes no se alineen al Creador y se humillen bajo Su poderosa mano, corren el riesgo de ser arrastrados por la corriente de este mundo; De donde es difícil salir una vez que están inmersos, donde para muchos no habrá vuelta atrás.
Lo que debe reinar en todo esto es: la humildad y el temor a Jehová- No hay otro camino para andar en el diseño de Dios, en una vida de adoración auténtica.

Vamos a revisarnos y pongámonos a cuentas con Dios. Antes de que cosechemos y comamos el fruto amargo de la desobediencia.

Dice Lucas 14:11 Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido.