Las experiencias sobrenaturales con Dios, no son solo para vivir un momento de éxtasis, ni para engordar espiritualmente o para mover nuestras emociones momentáneamente… Todo lo que el Padre propicia para sus hijos siempre tendrá un por qué y para qué. Por eso es que cuando la gloria del Señor desciende y Su Espíritu se manifiesta en cualquiera de sus formas: Unción, manifestación de dones espirituales, quebrantamiento, liberación, sanidades, etc. Es con el fin de llenar y capacitar a Su pueblo para que “les sean testigos” y fluyan como multiplicadores de Su multiforme gracia. Y digo esto, porque muchos caen en el error de ir tras las señales y ambicionar más de las profundidades Divinas, pero siguen sin hacer ningún esfuerzo para erradicar los frutos de la carne en sus vidas, siendo muy pocos los frutos espirituales; convirtiéndose en gigantes espirituales tal vez…pero enanos emocionales, con un carácter que deja mucho que desear.

Un principio que debemos manejar y aplicar mientras vivamos, es que: Dios nos da para que demos- Aquí no cabe egoísmo ni vanagloria, porque el que no da fruto será cortado, dice la Palabra del Señor. Nada es nuestro, ni lo material, ni lo espiritual, ni siquiera nosotros mismos nos pertenecemos; todo es para servir al Creador y ser de bendición y ayuda para nuestro prójimo- Pues, de ser indiferentes, andaríamos en un anti diseño. Es tiempo de alinearnos con el cielo, de madurar, de desapegarnos a lo material, de andar plenamente en la voluntad de Cristo; Solo así, andaremos en el destino profético para el cual fuimos creados.

Dice Lucas 4:18

El Espíritu del Señor esta sobre mí, por cuanto “me ha ungido” para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos.

Fuente: Yarahi Williams