Dios libra a Su pueblo de la aflicción. Aunque como hijos del Eterno no estamos exentos de pasar por tiempos difíciles, lo maravilloso de pertenecer a Su linaje es que contamos con un Padre bueno que nunca nos dejara huérfanos ni nos desampara en medio de las crisis; Su brazo está extendido para salvarnos, Su boca para aconsejarnos, y Palabra para guiarnos.

La constante recomendación dada en las Escrituras es que: Lo alabemos, porque para siempre es su misericordia. El único que nunca falla, que nos ama con amor eterno, que sabe el trato que necesitamos y estará con nosotros hasta el fin del mundo, es nuestro Padre Celestial.

Él nos redimió del poder del enemigo, nos dirige por camino derecho, llena de bien al alma hambrienta, calma la tempestad en sosiego, nos guía al puerto que deseamos, convierte la estéril en fructífera, los desiertos en ríos y la tierra seca en manantiales, nos bendice y multiplica en gran manera, levanta de la miseria al pobre. Así son las misericordias del Señor para con los justos, para todos cuanto hacen misericordia, para sus redimidos, para el pueblo fiel.

Cree esta palabra, declárala, vívela y alaba a Dios en todo tiempo. Que de esa manera el cambiara tu lamento en gozo y tu llanto en alegría…Simplemente alaba.

Dice Salmos 107:19,20

Pero clamaron a Jehová en su angustia, y los libro de sus aflicciones. Envió  una palabra, y los sano, y los libro de su ruina.

Por: Yarahi Williams