Es mejor servir que ser importante. Y esto lo digo, no porque quien sirve no lo sea, si no porque unos luchan por posiciones relevantes y subestiman el servicio, viéndolo como algo bajo.

Servir, nace de un corazón sencillo y entendido, del orden y los principios del Reino.
No necesariamente se debe tener el don para hacerlo; sencillamente debemos estar dispuestos a ser imitadores de Cristo.

Jesús, en ninguna parte de las Escrituras buscó reconocimiento de hombres por sus actos, ni impuso que lo honrasen. El fue un ejemplo de servicio hasta el momento de su muerte… Y como producto de esa humildad y obediencia, recibió honores y retribución del Padre.

El servir al Señor en la iglesia, a nuestro prójimo, y a todo el que lo requiera, se debe hacer con la única motivación de agradar a Dios y ser de bendición para nuestro prójimo; no por imposición o para ser vistos, porque todo lo que hagamos sin amor: es como ruido religioso ante el Señor.

Alguien dijo: El que no vive para servir, no sirve para vivir.
Y es que como discípulos de Jesucristo, nos debemos regir por Su Palabra que dice: Que el Hijo del Hombre, no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

Generalmente, somos probados en el servicio, pero la verdad es que, quien nos aprueba o reprueba es el Altísimo. Pues esta es una labor que nunca termina, porque es un acto de obediencia y adoración en la que todo hijo de Dios debe ejercitarse.
En resumidas cuentas; el que no sirve, no sirve.

Recuerda que Dios no se queda con nada, y su retribución para los justos viene cuando menos lo esperamos.
Solo quien tiene corazón de siervo puede caminar en este principio con libertad y pleno deleite.
Dice Romanos 9:12 Se le dijo: El mayor, servirá al menor.

Por Yarahi Williams