Adorar a Dios es fácil, pero mantener una vida de adoración solo lo logran quienes verdaderamente le aman.

Todos sabemos que la raíz de nuestra adoración está fundamentada en la obediencia; pero no como algo mecánico sino más bien como un deleite… Como una manera de pagar amor con amor a nuestro Padre Celestial.

Habrá momentos en nuestros tiempos de intimidad con el Eterno que no podremos hacer otra cosa mas que adorarle. Como habrá otros en el que tenemos que sujetar nuestra carne y darle la orden: Alma mía alaba a Jehová.

El punto está en que debemos velar para que ninguna situación externa o interna nos distraigas de la vida de adoración a la que fuimos llamados.

No es cuestión de si siento o no hacerlo, sino es algo que fluye espontáneamente en la vida de todos aquellos que han determinado agradar el corazón del Padre. No como parte de una rutina religiosa, sino como quien tiene identidad de reino y conciencia espiritual de la vida para la que fuimos diseñados para vivir; Como una necesidad ineludible. Así como los peces necesitan el agua para vivir, los hijos de Dios necesitamos tener contacto sublime con Su sobre-naturalidad para vivir como espirituales en este cuerpo mortal.

En el Salmo 145:1 el salmista declara:

Te exaltaré, mi Dios y rey;
por siempre bendeciré tu nombre.

Adora. Pero adora con todo!!!

Por: Yarahi Williams